jueves, 14 de mayo de 2026

Ciro Alegría mientras esperaba ser fusilado



 


Por Eduardo Gonzales Viaña.

https://www.youtube.com/watch?v=OA4wLvxlBjM


La más importante novela indigenista de América – “El mundo es ancho y ajeno” (1941) fue escrita por un peruano, Ciro Alegría, quien unos años antes había sobrevivido a una matanza, había esquivado un pelotón de fusilamiento, había pasado varios años en la cárcel, había sido desterrado después y la mayor parte de su vida no pudo regresar a su patria debido a que una sucesión de dictaduras se lo impidió siempre.

 
La Nochebuena de 1931, Ciro Alegría, entonces un muchacho de 22 años, fue al local del Partido Aprista en su ciudad de origen, Trujillo, para colaborar en el reparto de alimentos para los niños pobres. Lo acompañaba su amigo, el pintor Mariano Alcántara que más o menos tenía su misma edad.
 
El APRA era un movimiento político y social que había insurgido hacía pocos años para realizar grandes cambios estructurales y proponer la unión de los países hispanoamericanos contra el imperialismo de los Estados Unidos. En lo agrario, Víctor Raúl Haya de la Torre, su líder, proponía la expropiación del latifundio, un vestigio feudal en el cual el hacendado era señor de las vidas y destinos de sus indios.
 
Unas horas después de la repartición de aguinaldos, Ciro y Mariano bebían con otros compañeros el tradicional chocolate caliente de esa noche. Al joven escritor le llamaron la atención los ojos de una bella compañerita y la invitó a salir a pasear por la colindante Plaza de Armas de Trujillo, la más grande del Perú. Eso le salvaría la vida.
 
Cuando faltaban unos minutos para la medianoche, un camión con soldados estacionó frente al local del partido. Los recién llegados portaban ametralladoras. Algunos se apostaron frente a la puerta. Un grupo de ellos penetró en el local haciendo disparos a diestra y siniestra. Hubo decenas de muertos. La mayoría de aquellos eran, por cierto, niños y amas de casa.
 
Por su parte, Mariano Alcántara, cansado de esperar a su amigo, se había echado a dormir bajo el escritorio de la oficina administrativa. Cuando entraron los soldados disparando, creyeron que una de sus ráfagas lo había liquidado. Fue él quien muchos años después, en nuestro Trujillo me contaría la historia.
 
En julio del año siguiente estallaría en esa misma ciudad una revolución que estaba destinada a ser el punto de partida de una formidable insurgencia social en el Perú. Es normal que el joven universitario Ciro Alegría participara en ella. Los rebeldes tomaron el cuartel de la ciudad y por una semana instalaron un gobierno popular. Sin embargo, las fuerzas armadas sitiaron Trujillo por aire, mar y tierra y, después de muchos desiguales combates, aplastaron la rebelión. Miles de trujillanos fueron fusilados sumariamente frente a los paredones de la antigua ciudad pre-hispánica de Chan Chan.
 
Ciro pudo ser uno de ellos, pero la muerte aún no lo tenía en sus listas. Luego de andar perseguido a saldo de mata, fue finalmente apresado. Un tribunales marcial decidieron su ejecución. En la cárcel, esperó durante meses que se cumpliera la fatídica sentencia.
 
Cuando lo conocí, varias décadas más tarde, Alegría me contó que allí, entre sueños y en medio de las cuatro paredes carcelarias, había visto a Rosendo Maqui y a los diversos personajes de su épica novela “El mundo es ancho y ajeno”. “Me moría de ganas de salir de allí para escribirla”.-me dijo.
 
En la obra, publicada nueve años más tarde, los indios de una comunidad andina tienen que afrontar la invasión de sus tierras por el latifundista a quien protegen las fuerzas armadas y las leyes de la república. Sólo la naturaleza que les confiere misticismo y una tremenda resistencia ancestral harán que la comunidad india persevere en su lucha. Ganadora de un premio internacional y publicada en 1941, esa novela significaría también el primer ingreso de la figura del indio en la literatura peruana. Antes de que ella se publicara, los indios no habían sido considerados dignos de entrar en las páginas todavía coloniales de los autores peruanos.
 
A Ciro le fue conmutada la pena de muerte por una prisión que padeció algunos años para luego exiliarse en Chile. En ese país serían editadas “La serpiente de oro” (1935) y “Los perros hambrientos” (1939). “El mundo es ancho y ajeno”, publicada en casi todas las lenguas, se convertiría después en una novela mundial.
 
Ni siquiera la fama conquistada por esos hechos pudo servirle para volver a su país. Sucesivas dictaduras se lo impidieron o hicieron del Perú un lugar muy peligroso para el  novelista quien por fin se fue  a los Estados Unidos y se dedicó allí a la cátedra universitaria.
 
Tras un largo exilio y después de varias décadas, regresó. Un ataque fulminante al corazón acabó con su vida en 1967. No lo habían hecho desaparecer la ametralladora de los irracionales, tampoco los azarosos años de la persecución y el martirio, ni la posibilidad de ser fusilado. Tampoco lo conseguiría la muerte porque en estos días sus lectores estamos celebrando el primer centenario de su nacimiento y la eternidad de los personajes que él reveló ni la novela que pensó mientras esperaba ser fusilado.

Publicado un lunes 22 de febrero de 2016. (15:57pm)
"Encontré este texto entre viejos mensajes de mi correo electrónico, y decidí subirlo a un blog que no usaba desde hace muchísimos años para evitar que se pierda tan importante recuerdo histórico de nuestra ciudad y lo que un día fue"

miércoles, 7 de abril de 2021

¿Quieres saber que fluye en mi cabeza cuando me preguntas por quien votaré?

 

Por : MarcoChereque

Antes de responder, empiezo creando ciertas premisas :

1.- Un candidato presidencial debe representar a su partido.

2.- El partido debe representar los intereses de determinado grupo social.

3.- Un grupo social es una comunidad de individuos dentro de un espacio determinado cuyas necesidades insatisfechas deberían ser la propuesta de un partido que aspira a un gobierno representativo, y.

4.- Los 8 representantes a congresistas promovidos por el partido, en todas las regiones del país, deberían encarnar las propuestas del grupo social al que representan, y por el cual esperan llegar al poder.

 Premisas que, casi siempre, no se ajustan a un silogismo válido que nos permita para entender la política local, regional y nacional. 

En nuestro país, los partidos solo son locomotoras electorales. Los candidatos presidenciales, los rockstar del momento. Y los congresales, no se acercan ni a caballos de hipódromo; se disparan cada uno por su lado y atropellan todo a su paso,  incluso, a los mismos miembros de su lista partidaria.

 

En este caótico escenario, si se le pidiera  a un inteligente elector que asuma un voto racional, estaríamos induciéndolo a romper la cédula en mil pedazos, y a salir gritando con lágrimas en los ojos del centro de votación, lamentando el destino del país en el siguiente lustro.

 

Para apaciguar este desasosiego -y frenar cualquier explosión de esta locura reprimida- las encuestas han servido de sedantes. Han intentado mostrar tendencias que no existen, y las han interpretado a su antojo de uno a otro lado buscando la versión más creíble. Unas  1000 o 3000 personas importunadas incluso con llamadas, han servido para tales maniobras, y las han disfrazado de "muestras representativas".

 

De esta forma han logrado crear un espectro social -visible solo ante los ojos de estos forjadores de realidades paralelas- que han decidido ¡ya!,  por todos los peruanos. Decisión que inmediatamente ha sido impuesta por aquellos medios de la persuasión -que son los mismos que gerencian los gremios de privilegiados en este país de cartón-  "revelando" cual pitonisa barata, la predicción embustera de su eterna diosa:  “Ápate” , en todos los diarios y canales con los que cuentan.

 

Si me preguntas entonces: ¿Por quién votaré?

- Debo responder, con honestidad, que no existen partidos que representan a sector alguno en nuestro país. 

- Que las expectativas y necesidades de este país no han sido tomadas en cuenta, careciendo por tal motivo de programas que permitan enfrentar las palpables y  globales crisis que golpean fuertemente a nuestra nación: Sanitaria, hídrica, moral, alimenticia, etc.

- Debo responder, con total dolor, que sería injusto pedirle a un pueblo engañado por tanto tiempo, que decida entre los elegidos de ese grupo de encuestadoras que han personificado los intereses de sus gremios, entre cuatro o cinco enarbolados por su bella sonrisa, su bravuconada, unas cuantas palabras bonitas en un debate de un par de horas, y otras asesoradas posturas ensayadas por el marketing.

- Y decirte, también,  con sutil atención, que no vamos a elegir al trabajador del mes, ni al mejor combatiente de la semana. Serán 5 años de decisiones constantes. Decisiones cuya garantía no puede ser una linda  sonrisa, o  un dulce rostro.

 

Ante esto, un Partido que realmente desee representar a este país, debe considerar, por respeto, lo siguiente:

1) Contar con un plan sostenido y defendido en cualquier espacio de discusión y poder: desde un sindicato, hasta en un cargo en el Estado. No podemos, por ejemplo, creerle al candidato Julio Guzmán  quién con mucho esfuerzo y forzadamente, quiere hacernos creer que hará mil y un cosas por el país, si ni siquiera ha tenido la capacidad de incidir  en el gobierno de Sagasti, pese a ser su vicepresidente  en su fórmula presidencial. Muestra  clara de incapacidad y  liderazgo, que no debe ser pasado por alto.

2) Demostrar que sus 8 candidatos, en cada departamento del país, tienen las mismas propuestas plasmadas en su plan de gobierno. Y esto, por la simple razón, de que si ganarán serán una bancada que representa a un país. Debiendo por tanto, dejar el ego de tramitador de lado, pues no se les paga para que hagan campañas regionales con plata del Estado, menos para tramitar proyectos vecinales o gestionar obras  municipales, y

3) Asegurar que  personajes cuestionados -vinculados en actos delictivo de corrupción o de cualquier otro tipo- no tengan lugar en su gestión. Esto se logra con respuestas drásticas medidas disciplinarias, ejemplificadoras, y sin contemplación alguna,  a quienes cuenten con sentencias condenatorias. Aquí también aparece el ejemplo inverso de esos candidatos que aseguran tendrán presupuesto con planes de "corrupción cero", pero no son capaces ni de erradicarla de sus propias organizaciones.

 Si en algún momento, veo esta fortaleza institucional en algún partido, sea de derecha o de izquierda, me animare abiertamente a decirte por quien votar, porque definitivamente representarán una idea clara.

 

Más en estas circunstancias, estos señores que vemos en las encuestas, no pasan de ser simples afortunados; o como bien analizamos, tontos útiles de determinados intereses ajenos a la voluntad nacional. 

Votar por ellos, es votar por el tanteo, por el azar, por la intuición de su carácter … o en el mejor de los casos, hacer un voto por descarte. Sería un voto por  lograr que  discusiones infértiles, infiltradas por las oenegés en la agenda gubernamental, no entrapen al país nuevamente -como lo hizo esa agenda única que maneja la izquierda liberal- y que ha postergado problemas álgidos que aquejan a nuestra sociedad y que la tiene sumida en la  zozobra,  y literalmente, a un paso de la muerte. Por un voto sin esperanza, un voto sin proyección, sin ilusión alguna.

 

En síntesis, te confesaré que la frase en la que instintivamente  pienso cuando me preguntas por quien votar, es una simple,  pero recurrente oración: 

¡Perú, perdónanos, porque no sabemos lo que hacemos! 


Finalmente, la decisión es tuya, pero para tener la libertad de elegir te aconsejo triturar en tu memoria , cualquier residuo de recuerdo de encuesta alguna. Solo así podrás evaluar tu real preferencia. Recuerda que decidir por un presidente no se trata de elegir un billete de lotería "ganador" , ni de apoyar al caballo que va en la delantera. Las elecciones no son un juego de azar donde tienes la obligación de ganar.

Deja a los analistas de encuestas en Facebook se maten por convencer a sus seguidores, tú concéntrate en quien te va a gobernar en los próximos cinco años.

jueves, 4 de junio de 2020

Cosas que suenan mal al oido: Una reseña de la palabra "mongolito".



Quiero abrir un debate sobre un tema muy sensible.

La estandarización de la fragilidad, y la subjetivización de lo moralmente correcto, se ha hecho muy común a tal punto, que es una constante imputar percepciones negativas a lo que se desconoce. Por ello, escribo esta pequeña crítica,  a fin de que se pueda  desprejuiciar la palabra “mongolito”, tal cual se ha hecho con la palabra idiota, sin abrir susceptibilidades.


Hice una publicación "meme", sobre: ¿Cómo reconocer a un «mongolito»? Esa frase ha generado malestar en el muro de una persona que la ha compartido, ya que le dijeron que era una palabra que discriminaba a las personas con síndrome de Down.


Sé que esa crítica es recurrente, como sé que esa no es mi intención.


Sin embargo, ¿realmente creen que todas las intenciones de esa expresión van orientadas a señalar a las personas con síndrome de Down; o es que, quienes así lo ven, son las personas que tienen ese concepto en su cabeza y la asocian a esa condición para hacer un alarde extremo de una falsa puritana moral?


Como dato, les haré saber que la palabra Mongol, viene a ser el gentilicio de Mongolia; la RAE, lo define como : "adj. Natural de Mongolia" .


La forma en como este gentilicio llegó a ser el nombre de una enfermedad genética que en la actualidad es una condición diferente, fue debido a que en 1860, John Langdon Down, publicó un artículo llamado "Observations on an Ethnic Classification of Idiots" , traducido sería: "Observaciones de la Clasificación Étnica de los Idiotas". En esta publicación, al describir los rasgos comunes a esta "condición" genética, escribió: "Un gran número de idiotas congénitos son típicos mongoles". Obviamente, haciendo referencia a que eran descendientes de esta tribu originaria de Mongolia. Fue así como surgió el “mongolismo” en la clasificación médica, para hacer referencia a una escala en la idiocia. Haciendo un paréntesis, es importante notar como nadie asocia la palabra Idiota al retardo mental, no obstante ser un adjetivo médico.  Esto se debe a que el término es polisémico y se ha logrado usar sin ningún prejuicio purista. 


Entonces, retomando, fue de esta manera como el término mongólico se uso dentro de la clasificación médica; pero   en 1961, 19 científicos entre ellos el nieto de  John Langdon Down, enviaron una carta abierta indicando que la asociación entre Mongol e Idiota, no era procedente. De igual manera, en 1965, La Republica popular de Mongolia, se quejó ante la OMS  de que este término usado en su clasificación,  era despectivo hacia ellos. Fue así que en este año, la OMS confirmó el epónimo Síndrome de Down.


En tal sentido, y finalizando, es aceptable que digan que el término “mongólico” o “mongolismo”, es ofensivo para los nativos de esta región del mundo, pero no se le encuentra sentido cuando la pretenden asociar a las personas con Síndrome de Down bajo el concepto de “mongolito”, porque es una expresión racista; y más aún, cuando la palabra  “mongolito”  ni siquiera existe en el Diccionario de la Lengua Española.


¿Ustedes que opinan sobre esta posición de muchas personas sobre el término? 


Algunos links para consulta:










viernes, 24 de abril de 2020

La crisis actual, y el hombre de la «nueva modernidad».


La crisis actual, no es una crisis que devenga de un virus. El virus no ha creado una realidad, la ha desenmascarado.

Hace 30 años, en nuestro país, y bajo el “consenso de Washington”,se dieron cambios tanto en lo social como en lo económico. Las nuevas medidas anunciadas  eran de vital interés, y gozaban de total simpatía y respaldo, de los grupos de poder,  en la medida que la privatización de las principales empresas del Estado a precios irrisorios marcaba el inició una alianza inquebrantable a costos sociales muy altos.

Frente a la promesa del milagro económico, y en una sociedad fragmentada entre citadinos y migrantes de la sierra, a nadie le preocupaba las desapariciones y asesinatos de los principales dirigentes sociales, sindicales, y ambientales.

La desarticulación y criminalización de las protestas, tenían como objetivo tumbarse todo tipo de oposición a la subsecuente precarización y flexibilización laboral, y social. Éramos ciegos, no nos dábamos cuenta, y no creíamos en quienes protestaban, como no lo hacemos ahora.

Han pasado casi 30 años de esos sucesos, y las condiciones de vida que ahora rondan en forma de muerte por las calles de nuestro país ante esta pandemia, y sin que exista organización alguna que la resuelva, tienen su origen en ese escenario de profundización de la desigualdad y la pobreza, que acabamos de narrar sintetizadamente.

Este contexto, es importante tener en cuenta para explicar lo siguiente:

Hoy, contradictoriamente, ese monstruo creado en el régimen fujimorista, busca apoyarse en la solidaridad de un orden social que no existe. Y al mismo tiempo, sabe que no puede confiar en él porque es sensato al reconocer que este “cuerpo social” tiende a identificarse y adquirir conciencia, ante el confinamiento, de sus  profundas exigencias de salud, trabajo, y educación, que él mismo le arrebató.

Profunda contrariedad: Un Estado que busca sostener un orden social, y un orden social que se desgarra por dentro por elementos que pugnan por un cambio radical.

Sin embargo, es importante tener en cuenta algunos detalles de estos elementos -o ciudadanos- en su espacio geopolítico. Mientras los Estados han elevado el nivel de control, hasta el punto de exigirle a los individuos el auto-regulamiento; los individuos, conscientes de que sus problemas obedecen a una lógica global, buscan soluciones globales. Es decir, el Estado busca reprimir el cuerpo, pero el individuo busca trascender al Estado.

Siendo así, la característica principal del ciudadano que esta crisis ha formado, es totalmente opuesta a lo que la política del Estado -Nación condicionaba. El ciudadano de esta era aspira a una solidaridad global, al ius cosmopoliticum del que nos hablaba KANT.

Esta nueva naturaleza del ciudadano post covid, no solo ha perdido temor al Leviatan, sino que además cuestiona al otro nuevo monstruo que regula su existencia: El mercado.

En que circunstancia se logró esa pérdida de temor: Sinteticemos esto en las acciones de sus dos elementos:
1)   El Estado: En su afán de preservar el orden económico, no ha escatimado en hacer algunas concesiones bajo la aprobación de los grupos de poder y la banca; y de esta manera, poder controlar el descontento de más de las ¾ partes de la población; y por otro lado...

2)   El ciudadano: quien hasta hace poco aceptaba la tesis del recorte presupuestal bajo la retórica principal de: “no hay plata”;  se ha percatado que ha estado viviendo en la miseria y la opresión para sostener a un grupo privilegiado de personas que durante 30 años le ha venido mintiendo, recortando sus derechos y su calidad de vida, para favorecer a las grandes empresas que viven de las “compras” estatales,  con el sello de “confidencial”. 

Los mercados se han puesto nerviosos ante esta revelación, y han cedido su poder a quien le puede garantizar el control con el uso de la fuerza (institución que también se ha logrado con el recorte del gasto en Educación, Salud, y Trabajo de la población). 

El Estado después de todo tiene aún dinero acumulado de estas restricciones a la inversión social, y de prestamos que puede obtener y que también recaerán sobre los individuos en un futuro inmediato, así como experiencia acumulada en el manejo de esta crisis, y su represión de ser necesarias.

Sin embargo, como lo decíamos en un inicio, no es solo una cuestión viral lo que nos asecha, también tenemos las amenazas de la crisis alimentaria, energética, hídrica, ecológica, etc., y estas crisis no se solucionarán con una solidaridad consistente en apartarse del otro y confinarse en los domicilios.

¿Algo bueno tiene todo lo dicho hasta aquí? ¿Sirve de algo este análisis superficial del aprendizaje e identidad del ciudadano en esta época de crisis?

Pues, las crisis siempre generan aprendizajes que en tiempos normales durarían años, es como si la historia se adelanta cien años ante nuestros ojos. Y lo que esta crisis nos esta enseñando, es que ante crisis globales necesitamos gobiernos eficientes con una visión ética y global, de gestión.

El pensar es el único instrumento que no se puede obligar a autoregularse o confinarse como el cuerpo mismo. El pensar aún tiene libertad; y por ello, debe ser clandestinamente utilizado para construir aquel tejido social desmembrado, pero urge hacerlo ya, y en estas nuevas condiciones que ya son irreversibles. 

El dilema de esta nueva “normalidad”, es construir donde nos han obligado a disrumpir. Urgen medidas radicales para salvar ya no solo nuestro entorno, sino nuestra sobrevivencia misma.

Para esta sobrevivencia, el manejo de los recursos económicos orientados a equilibrar la vida de los ciudadanos en forma universal, destinando miles de millones para ello, no tiene ni puede ser visto como un acto de desprendimiento excepcional en este periodo de crisis. 

Es un imperativo KANTegórico, por tanto, hacer respetar el primer artículo de nuestra constitución política: « La defensa de la persona humana y el respeto de su dignidad son el fin supremo de la sociedad y del Estado».

Esto solo será logrado, sino olvidamos lo que hemos aprendido en este periodo de crisis que nos ha adelantado la historia ante nuestros ojos, y exigimos una EDUCACIÓN PÚBLICA, DE CALIDAD, Y GRATUITA; SALUD UNIVERSAL, Y DERECHO A UN TRABAJO QUE NOS PERMITA UNA VIDA DIGNA QUE NO NOS OBLIGUE NUEVAMENTE A DESAFIAR A LA MUERTE POR UN TROZO DE PAN EN LA CALLE.

Finalmente diremos, como aprendizajes principales que:
1)   El Estado tiene nuestro dinero,
2)   Hay que exigirle que lo administre bien,
3)   No más gasto en tanques ni aviones, pero sobre todo...
4)   Hay que recordar que hay un 75% de ciudadanos que esta esperando apoyo; y que no podemos ignorarlos cuando este aislamiento termine, salgan a las calles, y sean reprimidos nuevamente como se describió  al inicio de este relato,  hace ya 30 años.


lunes, 16 de marzo de 2020

Los ojos de Marina


Los ojos de Marina
Escrito por Marco Chereque:


“No recuerdo el origen de este relato. En verdad, creo es la transcripción de uno que encontré. Para ser más exacta no recuerdo ni quien soy. Dicen que soy escritora. A Calixto si lo recuerdo por eso ahora reseño su historia. De ella sólo tengo la imagen de sus ojos, que en sus descripciones idílicas me legó”.
De:  Memorias de Eva Martina.
                                                                   


Principiaba un nuevo otoño en Trujillo. Un  otoño que además de muerte es el inicio de la vida.  Vida de melancolía que Víctor Hugo definía como un sentimiento más que la gravedad y menos que la tristeza. Yo la vivía paisajísticamente, como un azul grisáceo sobre piedras facetadas en la cima de un cerro. Como algún camino hacia el océano. Difícil de sentir para quien no tenga el desafío que tenía Calixto: Ser un gran novelista.

-         - Aunque ese esfuerzo me costará la vida”, decía con sincera vocación. Se había obsesionado con ese profundo deseo, hasta el punto de dejar aquello oculto que habitaba en la naturaleza humana en cada cuarteto que escribía.

Calixto era una persona solitaria, esa soledad le ayudo a graficar cada detalle de lo que sería su  novela mayor:  casas coloniales, balcones, techos –algunos de estilos mudéjar-, ventanas y las pinturas apasteladas de las fachadas que eran el trayecto por el que siempre caminaba cada mañana, por el mismo lado, en la misma vereda, de la misma avenida. Desde su casa a la biblioteca. Y luego,  desde la biblioteca a su casa;  otra vez por la misma avenida, en la misma vereda, por el mismo lado.

Para saber más sobre él y casi pisando sus pasos, fui a visitar aquella biblioteca que para sus fines frecuentaba. Tenía un frontispicio nebuloso e insondable. Me acerqué, y en cada anaquel había una galaxia de misterios. Galaxía virgen, tímidamente vestida de túnicas blancas pero opacas, cohibidas a los ojos de cualquier lector, con sus satélites circunvalando ejes que más se ofrecían como caderas imaginarias, desdibujadas, o tenues por el correr de los tiempos. Mis ojos seguían esas líneas y era como ingerir una bocanada de historias que las letras y el pensamiento no lograban atrapar, como no pudieron atrapar los gringos al chiwaco, ave que agitaba sus alas del papel donde estaba dibujada, para escapar de sus captores ante la aguda mirada nublada e iracunda de Eduardo, en la novela de Eielson. Novela que estaba también flotando entre el polvo de esa vía láctea, esperando que alguien la soplará para que no se extingan desdibujados sus ejes curvilíneos, y prodigando ese olor de misterio sexual que otras vez sería devorado por la historia, para volver a llenarse de polvo y tener un polvo,  y así vueltas y vueltas, vueltas y vueltas en repetidos ciclos, y círculos, como dos amantes eternos,  como los pájaros que libero Eduardo, y  que conocían la libertad, pero que no querían volar por temor, o por no poder llevar los pesados huesos de su amigo a ese cielo de arcano destino que ahora trato de recordar. De pronto una interrupción. Una viejecita con mirada cansada, como si hubiera podido arrancarme los ojos para saber que traigo dentro. Se acercó, y sin que le hubiera preguntado nada, como si me destino hubiera sido llegar ante la guardiana de ese oculto universo, menciono:
-          - "A Calixto no le importaba viajar de un planeta a otro, aprovechaba cada historia para acercarse a nuevos personajes".

-        - " ¿Conoció a Calixto?", ingenuamente pregunté aquella vez. Ahora recuerdo ese momento, fue  como si hubiera lanzado un grito desde un acantilado, esperando que el eco traiga alguna respuesta.

 -          - «Nadie lo conocía. Nadie se acercaba a él. En una sola oportunidad se sentó a mi lado y me solicitó revisar un libro que tenía en la mano. “¡Qué sería de mi cuando deje de escribir!”, fue la última frase que le escuche».

Me dijo esto último y luego aquella figura sabia, se diluyo al apagarse la lámpara que pendía sobre mi espalda. Eso hace unos 60 años más o menos. De esta viejecita aun guardo su mirada, había tantas cosas en ella que me eran familiar, que a veces pienso era yo misma. 

Uno de los libros que encontré cerca de este primer encuentro, en mi búsqueda, fue: "Las memorias de Eva Martina" , era como si la presencia de este ser casi fantasmal se  hubiera desintegrado para hacer de sus pensamientos un objeto de signos casi místicos y proféticos. Según lo que en el encontré, parecía indicar que Calixto estaba atrapado en el encanto del Hipocampo, aquel mismo que retrato con tanta exactitud aquel escritor de estirpe de antiguo abolengo virreinal.  Calixto, no solo estaba obsesionado con ser un gran escritor, sino que cada mañana al llegar el otoño, buscaba esos ojos que resuelvan el misterio del que deseaba escribir. Algo hace presagiar que la encontró y con el otoño la perdió, siempre pasaba así, y con ese mismo olor de misterio sexual otras vez sería devorado por la historia, para volver a llenarse de polvo y tener un polvo,  y así vueltas y vueltas, vueltas y vueltas en repetidos ciclos, y círculos, como dos amantes eternos,  como los pájaros que libero Eduardo, y que conocían la libertad pero que no querían volar por temor, o por no poder llevar los pesados huesos de su amigo a ese cielo de misterios que ahora trato de recordar. -“Y Calixto zarpo del puerto de aquella bahía donde sus cabellos negros oscilaban al viento”, era una de las líneas que nunca pude olvidar de aquel libro.

Dicen que la belleza de sus ojos, ofrecían, la mayoría de los versos cromáticos que cantan los poetas. Y eso, fue lo que necesitaba su fatídica tarea de escritor. Ese día, el bote en el que huía de su destino, se perdió en el horizonte tras lo que sería su último capítulo.

Cuando ella se enteró de lo sucedido corrió a la casa de Calixto a unas cuadras de la Biblioteca, y hurgando entre sus cosas encontró una caja con muchas hojas que, al revisarlas, en muchas de ellas se encontró. Y por primera vez,  fue y conoció aquella bahía donde al monstruo dominó.

Al llegar, corrió desesperada a la baranda enmaderada de cuerpo podrido y enmohecido, y leyó cada una de las hojas a la misma hora que Calixto frecuentaba ese punto del océano que era, como dijimos: - su más grande desafío. Obviamente esa noche mientras leía cada hoja desgarrándose el alma, Calixto no llegó.

Marina era su nombre. La conoció en la Biblioteca, y juntos leyeron esa única vez: “La muerte de un naufrago enamorado”.

 Marina estaba cubierta de la misma túnica con la que estaban rodeados los anaqueles de ese universo que solo existía en la mente de Calixto. Parada, revisando cada uno de los pensamientos de quien solo vivió para escribir, y cuyo punto final dejo correr sobre el manto azul del océano que parecía bautizar el nombre de quien ahora ofrecía sus ojos al encanto de la bestia.  Pasmosa, develando cada uno de los dogmas literarios de quien la había buscado sin haberla nombrado, y la había creado sin haberla buscado. ¡Marina se sorprendió! Dibujada sobre hojas de papel iba al encuentro de aquel capítulo final que Calixto nunca quiso escribir: Una  tacha que era una respuesta final al enigma, una respuesta que al parecer era una resignación al ocaso mortal de la fantasía:
-          Y si no fuimos felices, fue porque los tambores del equinoccio no dejaban de sonar, mientras navegando escapaba del final.

Ella se sentía confundida, ausente, figura inmóvil, retrato muerto de la infancia, imagen blanca y dolorosa, como aquellos papeles arrojados  al mar con la esperanza de que vayan a dar vida a Calixto,  ¡Más quién sabe donde ahora se encuentre! Las hojas se perdieron en el mar; pero ella, regreso nuevamente a la biblioteca...  virgen, tímidamente vestida de túnicas blancas pero opacas, desdibujada pero ésta vez por la tristeza, o por el pasar de las olas, ante ella, mansas; pero bravío a los ojos de cualquier navegante, de cualquier navegante sin brújula, o sin el faro de sus ojos. 

…..
Hoy, a mis 80 años, nunca más regresé por esos pasos suyos, de esa novela solo conserve esta página que he transcrito, que para ser cierto, como muchas de las cosas que olvidé, no sé si yo las escribí, las escribió Martina, o si realmente eran de Calixto.